La gloria encontrada [en el desierto] junto a judas.

La gloria encontrada-5

Hay algo que es un misterio para mí, y es como El Señor es Su Bella e Infinita Sabiduría convierte las situaciones más desagradables en oportunidades magníficas para nuestro “estiramiento” y crecimiento personal-si así se lo permitimos. Y, una de estas situaciones, es sin lugar a la más mínima duda, el desierto junto a los ‘Juditas’. Cómo así? Pues bueno, permíteme comenzar con una de las mil y una remembranzas de mi niñez: me recuerdo muy claramente, de un caso en particular, donde mis papás le abrieron las puertas de nuestro hogar a unas personas. Salíamos con ellos; compartimos aún días en la playa; hubieron muchos momentos a la mesa compartidos y risas aparentemente sinceras que se intercambiaron…y todo parecía una linda amistad. Ah, pero, también, había un compañerismo en la obra del Señor. Cuando, de repente, fue la estocada en la espalda. Estas personas traicionaron las oportunidades tanto ministeriales como la amistad sincera que se les habían dado, y muchas mentiras y palabras hirientes fueron dichas contra mis padres y aún contra la iglesia. Recuerdo este período como algo muy doloroso para mi familia y aún para la iglesia misma. Es más, para mí, esto me marcó tanto, pero tanto, que por años, albergué amargura, sí, amargura en mi corazón. Con solo escuchar los nombres de las personas sentía que se me retorcía mi estómago. Es que verás, a mi corta edad de 9 años, vi como la hipocresía podía hacer estragos profundos…y me enfoqué en eso. Tanto fue mi dolor como hija al ver la traición hacia mis padres, que yo misma terminé lastimandome por la falta de perdón; hasta que un día, a la edad de los 18 años, después de escuchar un testimonio de un joven que había llegado a la iglesia, pasé adelante, y recordé las palabras que tantas veces mi sabio padre y maestro me había dicho: “Debbie, perdoná, para que satanás no gane ventaja. Y, perdoná no en tus fuerzas, sino, en las fuerzas y en el Nombre del Señor Jesús.” En ese momento, en el pasillo del templo, a mis 18 años, después de 9 años de haber abrazado la amargura y la falta de perdón, DECIDÍ perdonar, en LAS FUERZAS Y EN EL NOMBRE QUE ES SOBRE TODO NOMBRE: JESÚS, y fui libre de la amargura y de la falta de perdón. Fue allí, donde el Señor, como “efecto dominó” sin que yo se lo pidiese, me liberó y sanó de 4 años de anorexia y bulimia.

Ahora, a mis 35 años de edad, viajando por la calle llamada recuerdos, veo hacia atrás y pienso: que diferente hubiese sido esos 9 años (de los 9-18 años de edad), si yo no hubiese abrazado la amargura y la falta de perdón contra esas personas! Es tan interesante ver como funciona el libre albredrío, pues, el consejo de La Palabra jamás me faltó, siempre estuvo allí. Yo siempre supe que el perdón era lo correcto, lo bíblico! Pero, en mi ‘lógica’ NO sabia, no creía “justo” el “otorgarles” el perdón a ________, todas esas personas. Que ridícula me siento hoy, sentada a mi mecedora vintage, verdad?! Ah! Pero sabes? Así somos todos. Creemos que somos justos en nuestra propia opinión. Creemos que tenemos ‘derechos’ . Creemos que ‘merecemos’ tal y tal cosa…y por ello, los demás ‘deben’ de…. y cuando nos fallan, estamos listos con el látigo del desprecio, del resentimiento, de la crítica, de la falta de perdón, de la falta de tolerancia, y de la falta de misericordia.

Pero, permíteme postularte lo siguiente: qué tal, si en lugar de ser así, si en lugar de ser ‘justos’ y tener nuestros pseudo-derechos [que en realidad solamente nos envían al desierto a dar vueltas por 40 años], viésemos a los demás-aunque los demás ean unos ‘Judas’, como Cristo les ve?! Qué tal si cuando aún estemos a la mesa-ya sea departiendo el pan, o en una reunión de trabajo o de estudio, sabiendo que estamos aquí de paso, y vamos hacia nuestro Padre Celestial, nos ciñiésemos la toalla, como lo hizo El Maestro en la Última Cena? Mira conmigo rápidamente ese pasaje: “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.”(Jn. 13:2-5 RV60) 

Te puedes imaginar la escena conmigo? Judas estaba allí! A Judas también le lavó Jesús los pies. Cómo era esto posible?! Vuelve a leer conmigo las palabras de Juan: “… sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.”

La PERSPECTIVA CORRECTA de Jesucristo le permitió en el inicio de su hora más oscura y difícil, levantarse de la mesa, quitarse Su manto, tomar la toalla, ceñirsela, poner agua en el lebrillo, y comenzarle a lavar los pies a los discípulos…uno.por.uno. sabiendo que c.a.d.a. uno de ellos, le iba a abandonar de una o de otra manera…y sobre todo, de Judás, el traicionero por excelencia. Pero Jesús, les dio el ejemplo supremo a ellos, y a nosotros, con ejemplo y lo recalca con Sus palabras al decirles y decirnos: “Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.  Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.” (Jn. 13:12-21 RV60) 

Wow.

Jesús sabía que Judas lo iba a encontrar, pero aún así, les dio el ejemplo, nos dio el ejemplo de la actitud y perspectiva correcta que cada discípulo de Cristo debe tener e imitar, en medio del desierto junto a Judas; en medio de traiciones; en medio de tinieblas que se avecinan causadas por traiciones y abandonos…en medio de todo, el discípulo del Maestro Nazareno, debe de levantarse de la mesa, quitarse su manto, tomar la toalla, ceñirsela, poner agua en el lebrillo, y comenzarle a lavar los pies a los judas, sabiendo, que estamos siguiendo el ejemplo de nuesto Bendito Maestro y Salvador, Jesucristo de Nazaret, y que estamos de paso, pues vamos a nuestro Hogar, nuestra Patria Celestial. Entonces, y solamente entonces, podremos encontrar en el desierto junto a los judas:

  1. La gloria de tener un corazón perdonador, pues sabemos que solamente hay    un Justo: Jesucristo el Justo
  2. La gloria de ceñirse la toalla e imitar al Maestro Supremo: Jesucristo
  3. La gloria de mantener la perspectiva correcta aún cuando se avecinan horas difíciles, sabiendo que estamos aquí de paso
  4. La gloria de servirle a judas, sabiendo que estamos dándole una oportunidad para que se arrepientan (esto me lo enseñó mi padre, tanto de palabra como de ejemplo). 

Por lo tanto mi querido (a) amigo (a), te animo en amor, a que cambies tu perspectiva con respecto al perdón. Ya no veas ‘tu justicia’; sino ve la Justicia del Único Justo: Jesús el Justo. Si Él te ha otorgado tu justificación, y te ha dado ejemplo lavándole los pies a Judas Iscariote, cómo no lo haremos tú y yo? Ejemplo nos ha dado Él.

Hay gloria en bajar la cabeza, ceñirse la toalla, y otorgar misericordia, pues tú y yo, también hemos sido judas. Tú y yo, también traicionamos a Cristo, y Él nos perdonó. Cómo no lo haremos nosotros?! No perdamos el tiempo en el desierto.

Dios te bendiga.

Débora Bojórquez

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