En la Recta Final…se lucha contra el dolor

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Había un hombre, siervo del Dios Altísimo, que tenía-según muchos eruditos lo dicen-algo que le acongobajaba en su cuerpo, una enfermedad, y, como él mismo se refería a ese dolor incómodo en su cuerpo, era: un aguijón en la carne. Es que verás, este siervo (esclavo) del Dios Altísimo, era un hombre que había tenido un encuentro con Jesucristo de Nazaret Resucitado, y tal suceso, le cambió la vida, literalmente. Saulo, ya no pudo seguir siendo Saulo, el fariseo de fariseos, el perseguidor de Jesucristo de Nazaret (pues como Jesucristo mismo le dijo: “¿Saulo, por qué me persigues?”, ya que Él siempre defiende a Su Iglesia Fiel); y fue entre este encuentro magistral y parteaguas en la vida del discípulo de Gamaliel, que Saulo, decidió seguir a Cristo, y como dice el himno de antaño, para no volver atrás.

Y, ¿sabés? Para Saulo, no le era una “sorpresa” per se, el dolor en su vida ministerial como esclavo de Jesucristo, pues El Señor mismo, desde el inicio de su carrera de la fe, él supo por medio del Señor Jesucristo, que le iba a ser necesario padecer por causa de Aquel Jesús que se le había aparecido camino a Damasco, y a Quien antes perseguía.

Mira lo que dice Hechos 9:15-17: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.” 

Y es precisamente en este punto, donde me quiero enfocar en este día, y es: En la Recta Final, de cada creyente gladiador en el anfiteatro de la vida terrenal, se lucha contra el dolor. 

En la vida del teólogo de teólogos, Pablo, el gran siervo (esclavo) y apóstol (misionero) de Jesucristo, el hombre que escribió la mayor parte del Nuevo Testamento, inspirado por el Glorioso Espíritu Santo; en la vida del misionero que llevó El Evangelio de Jesucristo por todas partes del mundo conocido de su época…era el mismo, a quien le fue n.e.c.e.s.a.r..i.o. padecer por causa del Nombre de Jesucristo de Nazaret, Dios-Hombre-Glorificado.

Y es que, me encanta los detalles que La Palabra nos comparte -el porqué precisamente concerniente de UNO de los muchos dolores que Pablo tuvo que padecer- su aguijón en la carne, nos dice en 2 Corintios 12:7-10: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Fíjate qué madurez espiritual. Pablo entendía el propósito b.e.n.e.f.i.c.i.o.s.o. (pero incómodo) de su aguijón en su carne: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;” 

Pablo sabía, que le era necesario mantener la mirada en Jesucristo, el Único que merece ser exaltado. No era Pablo, el gran teólogo; ni Pablo el hombre que fue transportado al tercer cielo; No era Pablo, el gran misionero; era simplemente Pablo, el esclavo (siervo) y apóstol (misionero, uno enviado con órdenes) de Jesucristo. Un hombre al servicio del Maestro Nazareno y Rey de Gloria.

Y es aquí, donde entramos a la respuesta Soberana y Maravillosamente sorprendente de parte del Señor Todopoderoso para con su siervo Pablo [y muchas veces, para contigo y conmigo también]: “…Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” 

Bástate mi gracia. 

En el griego: “Bástate” es: “contentarse, estar satisfecho”

Y la razón de que la gracia (el favor) del Señor le fuese suficiente a Pablo, y a nosotros, es, según las mismas palabras de Cristo:

Porque Mi poder se perfecciona en la debilidad. 

En otras palabras, Su poder (dynamis), se perefecciona ( en el griego: “completar, hacer perfecto, perfeccionar, terminar, acabar, cumplir) la obra en la vida del creyente gladiador y atleta de la carrera de la fe, cuando está experimentando debilidad (En el griego: “debilidad, impotencia, enfermedad”).

Pero, ¿cómo le será posible y llevadero el dolor, la debilidad, en la Recta Final, en la vida de cada creyente?

    1. Contentarse, estar satisfecho, que le baste, le sea más que suficiente la Gracia, el Favor inmerecido del Señor para con nosotros
    2. Ser llenos del Glorioso Espíritu Santo.

Porque mira lo que le dijo Ananías a Saulo cuando llegó a orar por él:

Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde   venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.

Así que, mi querido (a) amigo(a) gladiador en el anfiteatro de la vida, si estás experiementando algún tipo de dolor, de debilidad, algo que te aqueja, no te sorprendas. Nos es necesario el dolor para poder ser perfeccionados y crecer en nuestra fe; pero así también, nos es altamente necesario ser llenos del Espíritu Santo, para poder conquistar las batallas contra el infierno mismo, para guardar la fe aún en medio y contra el dolor y la debilidad, y para esperar como Novias listas y preparadas, que esperan con amor e ilusión a Su Amor, al Novio, a Aquel que la rescató a Precio de Su Sangre Preciosa.

Es tiempo que veamos que así como el cuerpo necesita agua diaramente para sobrevivir, tú y yo, jamás podremos sobrevivir en la batalla final del anfiteatro romano, en estos tiempos post-modernos y en donde estamos viendo cumplirse ante nuestros ojos el Principio de Dolores, SIN la Llenura del Glorioso Espíritu Santo.

Busquémosle intencionalmente.

Anhelémosle.

Amémosle.

Desesperémonos por estar con Él.

Solo así, podremos terminar nuestra carrera, y correr el último tramo de la Recta Final.

Como siempre, la cuestión es: ¿Veremos el propósito en medio del dolor? ¿Usaremos ese dolor como escalera, para aprender a contentarnos (que nos baste) la Gracia del Señor? ¿Buscaremos diariamente la llenura del Glorioso Espíritu Santo?

Dios te bendiga.

Débora Bojórquez

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